LLUEVE EN LA LUNA Espléndida como nunca. La luna repleta de blancura manchada de gris, llenaba de luz el rostro de ella. Sentada en el borde del banco de la vieja plaza del pueblo, siempre nueva para quien la descubría, miró hacia arriba y guiñó el ojo remedando a la luna del libro de Julio Verne. Casi casi esperando el impacto del cohete en medio de su pupila. Nadie caminaba en la cálida noche de marzo por el sendero de piedras que bordeaba los canteros. Miró hacia atrás, hacia su casa en la calle estrecha sin salida como decía el letrero, como condenándola a caminar siempre hacia la derecha, hacia la vieja plaza. Nunca pensó en saltar el tapial que a la izquierda de su vereda la miraba solitario y gritar su libertad volando hacia quien sabe dónde, porque seguramente atrás del tapial no había nada, y la plaza parecía gemir llamándola cuando enfilaba para el otro lado. Se necesitaban ambas. Las noches de luna llena eran como un cemento que las unía. Pero esa noche era d...